Se dice que prever es fácil, eso dicen. Tras la lectura de uno de los que se está convirtiendo en mi libro de cabecera, “Antifrágil: Las cosas que se benefician del desorden”, de Nassim Nicholas Taleb, os dejo enlace por si os animáis a su compra, https://amzn.to/36u6oJ5 , o su obra que me parece aun más interesante si cabe, “El cisne negro: El impacto de lo altamente improbable”, https://amzn.to/2MnQrwX ,prever no es nada sencillo y cualquier previsión es un desastre. Los humanos no sabemos prever, algunos lo intentan con medios científicos, otros lo hacen con medios mágicos, bola de cristal, consulta a las pitonisas, pero en definitiva toda previsión se basa en datos, muchos de ellos sesgados y subjetivos. En los años de asesor de proyectos de emprendimiento, cualquier negocio, cualquier negocio, podía arrojar cifras espectaculares, pero que se quedaba atrás, una realidad cambiante y por ejemplo en España veranos sin ingresos y trimestres de paro endémico.
Toda previsión queda arruinada cuando llega la realidad, es por ello que ahora estamos viviendo una época en donde toda previsión se hace cuanto más hipotética.
No hace tanto, en marzo de 2020, ya casi un año, todo esto iba a ser una cuestión de días, paso a ser cuestión de meses y ya es una cuestión de un año, nada indica que vaya a ser una cuestión de otro año, las condiciones se repiten, o eso parece. Lo anterior es una previsión basada en datos, vividos por mi mismo, que llevan todo mi condicionante subjetivo y de como yo estoy viviendo estos tiempos “peculiares”. Esto mismo vivido por alguien que se dedique a otro negocio, boyante, no convendrá conmigo es estas previsiones, es más generará las suyas con la esperanza de que nada vuelva a la normalidad anterior, que personalmente creo que nunca volverá, por ello ¿Cuál previsión es la acertada?
¿Por qué negar las previsiones? Siempre intento poner ejemplos para que con ellos podamos entender la situación.
Negocio de guardería, números previstos, se escapan a la razón, más de ochenta matriculaciones para el año 2021, una media de trescientos euros por niño, entonces viene marzo de 2020, comienza la tragedia en tres actos, acto a acto se desenvuelve un mercado de previsiones que lleva a los socios del negocio a la consecutiva encadenación de su patrimonio personal con el del negocio, avalando el endeudamiento del negocio, mediados de junio nuevas previsiones, insostenible el proyecto, septiembre de 2020 concurso de acreedores en su modalidad express, diciembre de 2020 cierre del negocio, fin del drama.
Negocio de restauración, en este caso he de indicar que sus números ya desde el año 2018 son de supervivencia absoluta, no existe inversión para el desarrollo del negocio basado en un único local, se sirven comidas y aperitivos, no hay una especialización en el producto, dada la cercanía del negocio a una zona de oficinas se nutre de esta para dar comidas de menú en una franja horaria muy concreta. Previsiones, propias de los socios del negocio, ni las plantean, previsiones de un externo, cierre del negocio lo antes posible, existen créditos pendientes que se pidieron para la continuación de la actividad. Llegada de marzo 2020, colapso, previsiones, nadie quiere saber nada, realidad, impago del alquiler del local, impago de los seguros sociales, impago de los impuestos, impago de la financiación, impago a los proveedores, en este caso no pueden llamar a “pesadilla en la cocina” dado que el programa ya no sigue y seria uno más en la larga lista de negocios en quiebra.
Divergentes previsiones, realidad, parece que una, aunque de esto habría también que hablar, pero ciñéndonos al post que hablo hoy, la previsión siempre se ve alterada por hechos externos de una realidad en constante cambio.
Más ejemplos rápidos, negocio de hostelería, hostal sito en una localidad turística de la comunidad de Madrid, el negocio es lo que viene siendo un hostal para dormir y visitar la ciudad, o visitar la ciudad y dormir después. El negocio lleva ya más de treinta años, previsiones, continuidad, no hay previsión ni provisión destinada a la mejora de las instalaciones, todo se destina a una continuidad, las previsiones de los dueños son el traspaso del negocio, no hay endeudamiento con proveedores hasta marzo de 2020, llegada de la “pandemia”, abandono de la instalación totalmente, no puede recibir clientes, de la misma dependen tres trabajadores que son destinados a un ERTE, impago a proveedores, impago de impuestos y endeudamiento personal de los socios. Previsión por parte de los dueños del negocio, mantenerse igual hasta que pase el chaparrón. Realidad, tras casi un año, aumento del endeudamiento, demanda por parte del dueño del inmueble, en espera del desahucio, trabajadores en ERTE aún.
Todos los ejemplos muestran previsiones de unos y de otros, al final una realidad cambiante que ninguno de ellos espera se lleva todos sus escenarios ¿entonces? Tal vez no hay que ir más allá en el tiempo ¿pueden las condiciones mejorar? ¿pueden las condiciones empeorar?
Mi reflexión, dicen por ahí, en cuestión de negocios, “si algo no te hace ganar dinero, no sigas con ello”, continuar con algo que no nos reporta beneficios es una aventura de corto recorrido, podemos creer que todo cambiará y hará que ganemos el dinero deseado, pero ahora más que nunca vemos que tan rápido un negocio sale adelante o no, la velocidad es vertiginosa ¿Cuántos negocios realmente subsisten a base de endeudamiento? Puede ser razonable la deuda, pero con limites ¿Cuántos negocios se han visto superados por la situación actual? ¿Cuánto tiempo se puede sostener una situación insostenible? La toma de la decisión de para el necesaria, cierto que puede ser más incierta que lo que hacemos siempre, pero tal vez sea el momento de hacer algo diferente.